El tribalismo es, poniéndolo en simple, «nosotros» contra «ellos», entiéndase nosotros «los buenos» claro está.

Es un tipo de pensamiento binario que nos trae muchos problemas como especie.

En primer lugar, perjudica al colectivo, pues el tribalismo invisibiliza y desalienta a los grupos moderados, que suele ser la mayoría silenciosa, perjudicando la democracia.

En segundo lugar nos perjudica a cada uno, personalmente, principalmente de las siguientes tres maneras:

  1. El tribalismo nos hace más susceptibles a la manipulación.
  2. El tribalismo nos hace más susceptibles a cometer (y sufrir) violencia.
  3. El tribalismo al obstaculizar el dialogo, no soluciona nuestros problemas, los empeora.

El tribalismo más conocido es el nacionalismo. Cómo señala George Packer en The New Yorker:

Estoy usando «tribalismo» para referirme a lo que George Orwell, en un ensayo que escribió al final de la Segunda Guerra Mundial, quiso decir con «nacionalismo»: “el hábito de identificarse con una sola nación u otra unidad, ubicándolo más allá del bien y del mal y no reconociendo otro deber que el de promover sus intereses. El propósito permanente de cada nacionalista es asegurar más poder y más prestigio, no para sí mismo sino para la nación u otra unidad en la que ha elegido hundir su propia individualidad” 

Nuestras tribus están compitiendo por el poder sobre el estado, los medios, la opinión pública, el campo de batalla verbal. Cuando la política se convierte en una guerra tribal perpetua, los fines justifican casi cualquier medio y los individuos quedan exentos de las limitaciones de la decencia normal. Personas que nunca tolerarían la crueldad o la mentira o incluso la mala educación o la ordinariez en sus hijos aplauden cada exceso de sus líderes, ninguno más que los del presidente Trump.

El tribalismo como fenómeno político es preocupante, pues erosiona la posibilidad del diálogo democrático, le abre la puerta a demagogos y al populismo. Este último, entendido, en este caso por mí, como un fenómeno de masas que desde la convicción profunda de que «nosotros» somos los buenos, es más, «nosotros somos las víctimas», y los otros, por supuesto, los malos, se sienten con el derecho a hacer cualquier cosa para perjudicar o destruir a esos otros. Ese nosotros v/s ellos es clave, acá el pensamiento es binario. Y no deja espacio a la moderación.

Les recomiendo el libro Populismo de Cas Mudde y Cristóbal Rovira. Este último señala en una entrevista:

¿La sociedad ve el populismo como algo positivo o negativo?

En América Latina, el populismo es visto bastante negativamente. Los populistas suelen dejar una sociedad polarizada, y sus reformas, heridas profundas. Las enormes diferencias socioeconómicas ayudan a que el populismo reaparezca una y otra vez. No es casualidad que la creciente brecha entre ricos y pobres haya propiciado la aparición de diferentes tipos de populismo en Europa. En este aspecto, Europa puede sacar importantes lecciones de la historia del populismo latinoamericano.

Frente al tribalismo, la respuesta automática de los bien pensantes, es decir, simplemente condenarlo, es simplista y empeora el fenómeno. E implica caer en la lógica de la moralización y las acusaciones, y así solo se profundizan las trincheras.

El remedio, y esto es simple de escribir, es ver y esforzarse, por mostrar a las personas que están al otro lado como seres humanos completos, es decir combatir la deshumanización. Al contrario, ir al ataque directamente, es combatir el tribalismo con más tribalismo, y eso es apagar el incendio con gasolina.

Ya, ahí está, solucionado totalmente el problema, ahora a recibir el nobel de la paz ¿Qué me voy a poner?

Creo que antes de ir a aceptar mi premio a Suecia, me veré obligada a hacer escribir un poco más, empezando por hacer algunas distinciones. En estás últimas consistirá está primera parte, en una segunda parte de este artículo me explayaré sobre la historia de un dilema de naturaleza tribal que enciende al feminismo, el debate si las feministas debemos o no excluir a las mujeres trans del movimiento feminista, y voy a compartir mi teoría al respecto. Sobre la exclusión de las mujeres trans, les digo de antemano que mi respuesta es no, pero debemos ser cuidadosas con continuar la lógica de funa / contrafuna / funa / contrafuna que ha permeado, y va empeorando, el fenómeno.

Primera distinción: Los emprendedores del conflicto v/s el resto

Mi fuente para hacer esta primera distinción, es la filosofa igualitarista Elizabeth Anderson -quién dió una conferencia ayer en streaming para Red Liberal y cuyo famoso ensayo, publicado y disponible en español y en línea, gracias al CEP ¿Cuál es el punto de la igualdad?, explica su influyente teoría de la igualdad democrática.

Me pongo a la sombra de un personaje tan distinguido, para defender la idea de que hay que identificar a los “Conflict Entrepreneurs” como los llama Elizabeth Anderson, y como ella sugiere, proceder a “marginalizarlos”, porque promueven la violencia a través de discursos de odio.

Ella señaló, el 19 de Abril en una entrevista en el programa titulado “let´s Talk” del podcast Philosophy Bites”, que la gente en EEUU se puede perfectamente poner de acuerdo en muchos temas, si se les permite conversar de buena fe y SE MARGINALIZA a los emprendedores del conflicto.

Hay que diferenciar a la gente que genuinamente está asustada, y que toma la muy humana medida de aislarse y rodearse de aliados que estarían en la misma trinchera, de aquellos y aquellas, que alimentan los miedos, atizan el odio y mienten.

Segunda distinción: Desenmarañando el fenomeno del tribalismo

Esto es como encontrarse con los audífonos todos enredados en el fondo de la mochila, con chicle pegado incluido y darse el tiempo de desenredarlos, por supuesto, se parte tratando de encontrar el conector y pacientemente desarmando los nudos.

En este caso, es necesario informarse y tratar de identificar como empezó el fenómeno. Esto requiere honestidad intelectual y comunicativa, es decir, hablar con la verdad y resistir la tentación de ignorar, o esconder, aquello que que falsea nuestra teoría. En la práctica, esta técnica permite mostrar que algo “no siempre fue así” y demostrar que existen alternativas, entre ellas, algunas más deseables. Como curso de acción, suele ser “políticamente util”. Como ejemplo, en el caso del debate, falso históricamente, entre feminismo y transgenerismo, recomiendo leer a la historiadora Valentina Verbal, pero en eso profundizaremos en un siguiente artículo.

El destacado psicólogo mexicano Juan Carlos Hernández Meijuero en su MUY recomendable conferencia “Breve Historia de la Diversidad Sexual”, señala que el Vaticano en sus concilios, siempre determinaba, después de hacer cambios en el dogma o los sacramentos, que se debía enseñar a las personas, que las cosas «siempre habían sido así». Una astuta medida política, pues quien es una, una simple y ordinaria mortal, para discutir con “lo eterno y permanente”.

¿Donde empezó el tribalismo?

La tendencia al tribalismo, lamentablemente está innegablemente en nuestra naturaleza. Es parte de nuestra carga evolutiva y se refuerza y sostiene en fuertes mecanismos psicológicos. Como principio evolucionario, ha sido muy útil, especialmente en el contexto de los hombres y mujeres primitivos y su lucha perpetua por la sobrevivencia. Es en corto, la tendencia a buscar seguridad y apoyo, entre quienes considero mis semejantes, está tendencia se refuerza poderosamente, cuando hay temor, en este caso el tribalimo nos lleva de manera automática a cerrar filas con nuestros semejantes frente a una amenaza.

Es a lo que se refiere, en parte a lo que el destacado psicólogo David Ropeik en Psychology Today, explica sobre la identidad social:

Hay montañas de evidencia de una amplia variedad de campos sobre cuán importantes son nuestras identidades sociales para nosotros, cuánto configuramos nuestros puntos de vista y comportamientos para conformarnos con el grupo para que nuestro grupo se vuelva más dominante y para que el grupo nos acepte y nos proteja, como miembros valorados.

Somos animales sociales y, a medida que las posibilidades de nuestra tribu empeoran, también las nuestras lo hacen. Esta asociación con la tribu es especialmente intensa cuando nos sentimos amenazados, sin importar cuán ignorantes sean los comentarios de sus líderes.

David Ropeik da un ejemplo muy interesante:

Un estudio de sujetos que vieron una película de terror o una película romántica, descubrió que las personas que vieron la película de terror fueron mucho más persuadidas por publicidad que usaba un tono de conformidad («más de un millón vendido») que un atractivo único («destaca entre la multitud»). La gente asustada recurrió a la seguridad de la manada. (Aquellos que vieron la película romántica y tenían ganas de aparearse fueron más persuadidos por el discurso de destacar entre la multitud).

Ahora, si el tribalismo es algo tan natural ¿Es necesario resistirlo?

La respuesta es un rotundo , como señale antes en la estepa primordial, el tribalismo es una ventaja evolutiva, ahora empeora los prospectos del homo sapiens en general, y de cada uno de nosotros, en particular, por tres razones principales: 

  1. El tribalismo nos hace más susceptibles a la manipulación
  2. El tribalismo nos hace más susceptibles a cometer (y sufrir) violencia
  3. El tribalismo al obstaculizar el dialogo, no soluciona nuestros problemas, los empeora

Insisto, el tribalismo es algo muy natural, pero de eso no se sigue que sea bueno o inevitable.

¿Acaso no es lo humano, superar nuestras limitaciones naturales? Si tenemos tendencia a la diabetes nos preocupamos de vigilar nuestro consumo de azucar, ¿Porque no vigilar nuestra tendencia al tribalismo? 

El tribalismo nos hace más vulnerables a la manipulación

En corto, el tribalismo se basa en la búsqueda de seguridad y este imperativo nos nubla el juicio cuando sentimos temor. Ese temor puede ser justificado y racional, o puede ser atizado, por los “emprendedores del conflicto”, como les llama Elizabeth Anderson. Los emprendedores del conflicto, verdaderos y auténticos villanos de está historia, buscan crear y alimentar el conflicto en las comunidades, pues, es una manera despiadada y bastante eficiente de crecer en las jerarquías, alcanzando, de está manera, poder y liderazgo. Como señala Arash Javanbakht:

El tribalismo es el vacío biológico en el que muchos políticos han aprovechado durante mucho tiempo: aprovechando nuestros miedos e instintos tribales. Algunos ejemplos son el nazismo, el Ku Klux Klan, las guerras religiosas y la Edad Media. 

La receta del emprendedor del conflicto es la siguiente, según Arash Javanbakht:

El patrón típico es dar a los otros humanos una etiqueta diferente a la nuestra, y decir que nos van a dañar a nosotros o nuestros recursos, y convertir al otro grupo en un concepto. No tiene que ser necesariamente raza o nacionalidad, que se utilizan con mucha frecuencia. Puede ser una diferencia real o imaginaria: liberales, conservadores, orientales, hombres blancos, la derecha, la izquierda, musulmanes, judíos, cristianos, …. La lista sigue y sigue.

Para más remate, el tribalismo y el miedo, como métodos de manipulación, no necesitan ser sofisticados, es decir, los emprendedores del conflicto, no necesitan ser diabólicamente astutos (la banalidad del mal como dice famosa y acertadamente Hannah Arendt) oh no, basta con que sean buenos oportunistas. Y sus técnicas pueden ser rudimentarias y no resistir, el análisis más rudimentario. Cómo dice el psicólogo David Ropeik en Psychology Today:

Rush Limbaugh comparó recientemente el asesinato de nativos americanos por parte de los colonos europeos, con la muerte de los colonos europeos que aprendieron el tabaquismo de los nativos. Lo cual es bastante estúpido. No es ideológico ni de derecha ni políticamente incorrecto. Solo tonto de tercer grado. Es comparar a las víctimas de asesinatos en masa, es decir, personas seleccionadas deliberadamente para la muerte con el destino de los asesinos que posteriormente murieron por beber demasiado alcohol, el cual, habrían encontrado en los hogares de las víctimas.

Pero impugnar la inteligencia de Rush Limbaugh no es el punto. El punto es que tonto funciona cuando la gente está preocupada. La razón importa menos, y los instintos de autoprotección tienen más influencia, cuando tenemos miedo. Lo más revelador en los comentarios de Limbaugh es lo que él continuó diciendo; «¿Cuántos estadounidenses han muerto gracias a un invento indio en comparación con cuántos indios han muerto porque llegamos aquí? Ahora, corran los números en esto. ¿Dónde están NUESTRAS reparaciones?» Hizo hincapié en el «NUESTRO».

El tribalismo, como podremos ver a continuación no solo los deshumaniza a «ellos», sino también a «nosotros», determinando y empequeñeciendo nuestras identidades y nuestros destinos, recordemos que el tribalismo, empieza guerras, siguiendo a David Ropeik:

«NUESTRO», Rush? ¿»NUESTRO» como en las personas de ascendencia europea? «NUESTRO» como en los blancos? «NUESTRO», como en «no ellos»? Eso es, ¿no? Nosotros y ellos. Ese es el mundo de Rush, un mundo de división, de personas definidas no por la totalidad y complejidad de quienes somos, sino de manera simplista por las etiquetas de política, etnia, raza, religión o preferencia sexual. Es un mundo de tribus estereotipadas que son personas como nosotros, o «ellos», personas en otras tribus que no son solo otras, sino otras que son atacadas o denigradas u opuestas, porque son una amenaza, simplemente por ser otras. Es una visión de nosotros contra ustedes, que es cómo tendemos a ver las cosas cuando estamos preocupados y temerosos.

Entonces, como resultado de la naturaleza inherente de la percepción del riesgo, nuestro deseo de la seguridad de la tribu cuando nos sentimos amenazados, nos está dividiendo en campamentos, tribus polarizadas, desconfiadas y defensivas, listas para seguir voces divisivas de «Estamos bajo ataque» como Limbaugh (entre muchos otros), no importa cuán estúpido sea lo que digan, siempre que sea consistente con la visión tribal protectora. Cuanto más preocupados estamos, más se explica nuestra razón por la respuesta instintiva al peligro. La percepción del riesgo no se trata de razones y hechos conscientes. Se trata de reacciones y sentimientos subconscientes. (Lo que está haciendo que Rush Limbaugh, y muchos otros mercaderes del miedo, muy ricos).

El tribalismo, a través de amplificar y promover el miedo nos hace más violentos

En corto, el tribalismo nos lleva a buscar seguridad y apoyo, entre quienes considero mis semejantes, y como ya hemos dicho, está tendencia se refuerza poderosamente, cuando hay temor, en este caso el tribalimo nos lleva de manera automática a cerrar filas con nuestros semejantes frente a una amenaza. Ahora, pensando que el modo de ser tribal, nos fue muy util para sobrevivir en la jungla, ¿Qué dice la ley de la selva sobre «las amenazas»? La respuesta es clarísima, el objetivo es eliminarlas.

Cómo señala el psiquiatra y neurocientífico especializado en miedo y trauma Arash Javanbakht:

Hay una razón por la cual la respuesta al miedo se llama respuesta de «lucha o huida». Esa respuesta nos ha ayudado a sobrevivir a los depredadores y otras tribus que han querido matarnos. Pero, de nuevo, es otra laguna en nuestra biología de la que se debe abusar para activar nuestra agresión hacia «los demás», ya sea en la forma de destrozar sus templos o acosarlos en las redes sociales.

El tribalismo exacerbado, puede llevar facilmente a crímenes de odio, o a regimenes completos basados en la barbarie. Como señala Arash Javanbakht:

Hay una larga historia de emplear el miedo a «los otros», convirtiendo a los humanos en armas ilógicas despiadadas, al servicio de una ideología. El miedo es una herramienta muy poderosa que puede desdibujar la lógica de los humanos y cambiar su comportamiento.

El tribalismo obstaculiza o directamente se opone al diálogo democrático

De tres maneras principales:

  • Dificultando la empatía
  • Invisibilizando tras caricaturas y desvirtuando e intimidando a los grupos moderados 
  • Limitando el rango de opciones políticas disponibles para enfrentar acuciantes problemas sociales

El tribalismo dificulta la empatía:

Hay razones para alarmarse por el estado del mundo, problemas globales que la humanidad debe enfrentar y resolver, un primer paso en ese sentido es conversar entre nosotros. El tribalismo puede hacer ese primer paso excesivamente complejo, pues dificulta sobremanera la empatía: 

Como Michael Shermer, tomando el ejemplo de la política norteamericana, escribe en la revista Scientific American:

¿Por qué somos tan predecibles y tribales en nuestra política? En su libro notablemente esclarecedor, The Righteous Mind: Why Good People Is Divided by Politics and Religion (Pantheon, 2012), el psicólogo de la Universidad de Virginia, Jonathan Haidt argumenta que tanto para los liberales como para los conservadores, los miembros de la otra parte no solo están equivocados; están moralmente equivocados, son moralmente sospechosos e incluso peligrosos. «Nuestras mentes `justas´ hicieron posible que los seres humanos», argumenta Haidt, «produzcan grandes grupos cooperativos, tribus y naciones sin el pegamento del parentesco. Pero al mismo tiempo, nuestras mentes `justas´ garantizan que nuestros grupos cooperativos siempre serán maldecidos por la lucha moralista”. Por lo tanto, muestra, la moralidad nos une en grupos cohesivos, pero nos ciega a las ideas y motivos de aquellos en otros grupos.

El tribalismo invisibiliza y desalienta a los grupos moderados:

Como escribe George Packer sobre EEUU para The New Yorker:

De manera abrumadora, los estadounidenses sienten que el país está más dividido que en cualquier otro momento de sus vidas. Abrumadoramente, están hartos de las divisiones políticas, a menudo hasta el punto de las lágrimas, y se sienten olvidados en el debate, especialmente porque está distorsionado por los medios de comunicación. La mayoría odia la polarización y quiere más compromiso. El informe llama a esto la «mayoría agotada», una agrupación de liberales tradicionales, liberales pasivos, políticamente desconectados y moderados, que en conjunto representan dos tercios de los estadounidenses.

Los miembros de la mayoría agotada son políticamente diversos, pero unidos por su deseo de flexibilidad y compromiso. De alguna manera, tienen más en común entre sí que con cualquier extremo. El ocho por ciento de los activistas progresistas de la izquierda y el veinticinco por ciento de los conservadores tradicionales y devotos de la derecha están menos abiertos a compromisos, menos ideológicamente flexibles, más propensos a pensar que aquellos que están de acuerdo políticamente deberían mantenerse unidos y luchar. En comparación con los activistas progresistas, los liberales tradicionales valoran más la autoridad y la lealtad, tienen menos probabilidades de calificar su identidad ideológica por encima de ser estadounidenses y es más probable que vean la corrección política como un problema. «Los activistas progresivos no son representativos de la mayoría de los estadounidenses liberales, los conservadores tradicionales y devotos no son representativos de la mayoría de los estadounidenses conservadores», dice el informe de More In Common «Sin embargo, ambos lados han absorbido una caricatura del otro».

El tribalismo puede dañar al diálogo democratico, al disminuir el rango de opciones y decisiones posibles 

Como el psicólogo David Ropeik señala:

El problema es que nosotros, CONTRA EL MUNDO, no permite un término medio, la flexibilidad y el compromiso y el dar y recibir que necesitamos para ayudar a resolver los grandes problemas que enfrentamos. Este tipo de percepción de riesgo es en realidad una forma bastante tonta de tratar de protegernos. (Incluso más tonto que la comparación de Limbaugh del genocidio y el tabaco). Necesitamos reconocer el peligro, precisamente el peligro de la forma tribal instintiva en que nos estamos comportando, y reconocer que todos pertenecemos a una tribu más grande, y las grandes amenazas nos amenaza a todos. Y tal vez esa identificación tribal puede acercarnos un poco más y permitir soluciones que nos harán un poco más seguros. Nosotros CONTRA ELLOS Pueden sentirse seguros a corto plazo, pero a la larga es un camino mucho más peligroso.

Muy pronto la segunda parte de Tribalismo: ¿Las Feministas debemos excluir a las mujeres Trans? La respuesta es no, pero eso se los quedo debiendo

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