Estimados y estimadas, vayan a votar.

Voten por la opción que a conciencia creen es la mejor, y OJO no acose a quien vota por la opción contraria, no lo denigre, no le ponga nombres, no ponga en duda su inteligencia o su carácter, ahhh y no mienta o exagere, para imponer su opinión.

Quien vota por la opción contraria, tenga claro, esa persona no es su enemigo. Es más, es su aliado, porque es una persona que como usted, valora solucionar los problemas nacionales a través de los canales institucionales, por esto va a votar, igual que usted.

Tanto si mantenemos o no la actual constitución, lo importante es entender que es una constitución, siguiendo al destacado abogado Gèrard Oliger Abaroa, quiero insistir que una constitución es una serie de restricciones al poder del Estado. Es algo que limita el espacio de discrecionalidad del Estado, una suerte de corset/camisa de fuerza. Esta idea es posible verla en el diseño de la constitución de EE.UU. diseñada bajo el principio de “Checks and Balances”, es decir, fue diseñada explícitamente para que cada poder le pudiera parar los pies al otro, si se pasaba de la raya. 

Entonces, usted podra preguntar ¿Quién es el enemigo? ¿Los anti-sistema, los antifa, los “yo no voto, me organizo”?, bueno, son enemigos de la institucionalidad ciertamente, y se rigen por la máxima del “fin justifica los medios”. 

Acá quiero citar a la destacada académica feminista Rosa María Rodríguez Magda, quien en su analisis de la Primavera Árabe sentenció:

Todo rebelde no es un libertador, un rebelde puede ser un liberticida.

Panfleto Anti Sistema

Ciertamente le puedo decir que los anti-sistema son aspirantes a liberticidas, y también que son unos ingenuos, porque creen que van a lograr crear un vacio de poder, el cual ellos mismos van a rellenar. Aquí, frases como “la revolución se come a sus propios hijos” se citan prácticamente solas. Otra frase que viene a la mente de manera cuasi automática es: “Nadie sabe para quien trabaja”, porque si logran crear un vacio de poder, le puedo asegurar que no lo rellenaran ellos. 

Ahora, que podemos hacer para arreglar este problema: vaya a votar, juéguesela por la institucionalidad, y si tiene tiempo, léase a Maquiavelo, no a Rousseau (sobrevalorado a morir), a Maquiavelo. Y parta por esta columna de Erica Benner del Diario El PaísPara arreglar todo esto hay que leer a Maquiavelo”, de la cual cito algunos parrafos: 

Tanto cuando era secretario de la República como a través de sus brillantes y variados escritos —que incluyen comedias picantes, poemas, canciones festivas y una historia de Florencia—, Maquiavelo dedicó su vida a tratar de advertir a la gente sobre los peligros que amenazaban sus libertades políticas, con la esperanza de que aprendieran a defenderse. ¿Qué diría sobre las dificultades que atraviesan hoy nuestras democracias?

Seguramente empezaría por recomendar que, para tratar al Estado, hay que practicar una medicina de calidad y no quedarse en los síntomas superficiales, sino buscar las causas fundamentales. En sus escritos sobre Florencia, la antigua Roma y otras repúblicas, Maquiavelo llega a la conclusión de que las crisis democráticas tienen dos causas especialmente profundas. Una es el sectarismo extremo, que no es lo mismo que las discrepancias, por grandes que sean, entre unos partidos políticos organizados. Las discrepancias, subraya, pueden ser síntomas de la buena salud de una democracia: en toda sociedad libre existen valores e intereses distintos, y hay que dejar que se expresen, que ocupen su parte correspondiente del espacio público. La enfermedad aparece cuando la gente confunde la sana discrepancia con unos desacuerdos irremediables y empieza a exigir la conformidad ideológica además de la obediencia a las leyes comunes. Las demandas de conformidad empujan a los más fanáticos a dividir a la gente en bandos enemigos, no a tener en cuenta los intereses comunes y pensar que necesitan la “victoria suprema” sobre sus adversarios. “Quienes creen que así se puede unir una república”, dice Maquiavelo, “están muy engañados”, y aspiran a algo que va en detrimento de la libertad.

La otra gran amenaza es la que generan las desigualdades extremas. Maquiavelo no era un estricto partidario de la igualdad, pero sí pensaba que, para evitar la corrupción, las democracias necesitan tener una vaga “igualdad” de oportunidades, riqueza y posición social entre los ciudadanos. Un exceso de desigualdades destruye la confianza de la gente porque facilita que los ricos dominen a los demás y hace pensar a los pobres que el sistema está manipulado en su contra. Y o, alteran el equilibrio general de las libertades que preserva la estabilidad de las sociedades libres.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here