«Muchachos: La contienda es desigual, pero, ánimo y valor”. Con esas palabras el célebre capitán Pratt abrió su discurso esa histórica mañana del 21 de mayo en la costa de Iquique, sin saber que estaba iniciando una de las jornadas más destacadas de la historia de Chile. 

La Esmeralda era un barco viejo, en malas condiciones y -la verdad sea dicha- no estaba a la altura del desafío que el destino le presentó esa mañana; tanto Prat como su tripulación lo sabían, pero entendieron algo fundamental: la única manera de tener una pequeña chance de sacar adelante la situación, era trabajando todos juntos como un solo cuerpo.

Sus palabras hacen eco hasta el día de hoy y cobran especial valor justamente ahora, 121 años después, en un contexto radicalmente diferente, pero que demanda el mismo espíritu de entrega, de valentía, de sacrificio y de coraje frente al destino que el Héroe de Iquique y su tripulación demostraron esa mañana.

Definitivamente la contienda es trenadamente desigual, hoy tenemos que enfrentar a un enemigo letal en forma de virus;  hay miles de muertos en el mundo y ni un sólo gobierno ha podido bloquear el virus, es inevitable que va contagiar a miles de chilenos y, también, es inevitable que el sistema de salud va a colapsar. 

La cruda realidad es que hoy Chile completo, con sus virtudes y defectos, se ha trasformado en nuestra nueva versión de la Esmeralda y los ciudadanos somos su tripulación, estando de manera inexorable, a bordo.

Al igual que los comandantes de la Esmerada, nuestros capitanes no son perfectos, pero son los que tenemos, son nuestras autoridades electas, y aunque sean impopulares, les corresponde ejercer su función tan bien como puedan y nosotros, por otra parte, tenemos el deber de apoyar esa gestión de manera constructiva, dejando la pelea política de lado –al menos por ahora- y buscando alcanzar consensos positivos y transparentes, no intentar bloquearlos solamente porque las autoridades no son de nuestro agrado, o para conseguir ganancias de corto plazo. Hoy la vida de Chile está en juego.

En efecto se van a cometer errores, eso es un hecho de la causa, sin embargo no es momento de pedir renuncias, es momento de aportar, son las vidas de nuestros abuelos, hermanos, madres, padres, las que están en juego -cada día tiene su afán y ya habrá tiempo de asignar responsabilidades-. 

Hoy la amenaza está en nuestras puertas, lo que debemos hacer ahora, al igual que la tripulación de la Esmeralda, es unirnos y enfrentar las circunstancias con lo que tenemos a mano, escuchar las instrucciones de nuestros capitanes -insisto, aunque esos capitanes no sean de nuestro gusto-, y sobre todo, tener siempre claro que el fracaso del gobierno de turno significará miles de muertos; y por otro lado, su éxito significará que serán muchos los salvados; es responsabilidad de ellos y también de nosotros los ciudadanos, que ello sea así.

Nuestra responsabilidad ahora es criticar constructivamente y de manera responsable si es necesario, pero sin dejar de entender que la clave en el manejo de la situación es que sea tratado como un problema técnico, por profesionales capacitados –para ello se ha constituido una Mesa Social COVID-19 conformada por autoridades de gobierno, alcaldes, académicos y profesionales de la salud- y sumarnos a los esfuerzos que miles de chilenos están realizando de manera abnegada en los puentes de combate de este barco –servicios de salud, seguridad, abastecimiento, servicios básicos, consulados- con las herramientas que tenemos a mano, pero siempre buscando ser un aporte.

Ahora es nuestro momento de estar a la altura de las circunstancias, como Prat y su tripulación hace 121 años. Y, por nuestras familias y nuestro país: Contra la pandemia… “¡Al abordaje mis muchachos!”

Cristóbal Lajtonyi Delorenzo.

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