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Por Hernán Olmedo González

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Tradiciones de investigación y teorías de las Relaciones Internacionales

Larry Laudan (1977) postuló que en todo dominio existen tradiciones de investigación que se caracterizan por algunos atributos: compromisos ontológicos plasmados en el planteo de axiomas; una historia que se desarrolla en un período prolongado; un buen número de teorías constitutivas con una vida útil limitada. Cabe señalar que como bien ha demostrado Nicolás Pose (2018), las tradiciones de investigación que se presentarán a continuación han tenido influencia en el campo de la Economía Política Internacional, campo en el que es posible identificar tres grandes matrices teóricas principales: las perspectivas del poder, las institucionalistas y las ideacionales.

La tradición de investigación realista, sus teorías y problemas

Los antecedentes normativos de esta tradición de investigación se encuentran en los escritos de Tucídides, Maquiavelo, Hobbes, Clausewitz, entre otros filósofos y pensadores. A partir de las contribuciones de estos pensadores, se construyó una suerte de ontología, una forma de concebir el mundo y las relaciones entre comunidades políticas que condicionaron el surgimiento de una tradición de investigación a partir de muy pocos axiomas específicos. En ese sentido, se destacan a continuación dos axiomas que definen a esta tradición de investigación:

1. en la época moderna y contemporánea, los Estados son los actores relevantes de las relaciones internacionales; 2. los Estados en sus relaciones internacionales procuran por sobre todas las cosas maximizar sus intereses y poder.

A partir de estos axiomas arbitrarios, para los científicos teóricos y empíricos de esta tradición los temas y problemas asociados con la seguridad, la guerra y la supervivencia de los Estados han ocupado especial relevancia en esta tradición.

En esta tradición de investigación es posible identificar dos grandes grupos de teorías, ellas son: las del equilibrio de poder y las de la hegemonía.

En el marco de las teorías del equilibrio de poder, se encuentran la teoría realista clásica y la teoría neorrealista con sus ramificaciones más específicas, el neorrealismo ofensivo y defensivo.

Por su parte, en el marco de las teorías de la hegemonía, es posible encontrar la teoría de la estabilidad hegemónica, la teoría de la transición de poder, ciclos de poder y ciclos largos de poder.

Para todas estas teorías realistas, uno de los temas principales ha sido explicar bajo qué condiciones el sistema internacional puede ser más o menos estable, dicho de otra manera, bajo qué condiciones la guerra entre grandes potencias es más o menos probable que suceda. Sin embargo, todas estas teorías han planteado distintas hipótesis y explicaciones sobre los factores relevantes que condicionan la estabilidad del sistema internacional.

Las teorías realistas del equilibrio de poder enuncian proposiciones alternativas sobre los factores que condicionan la estabilidad. Por ejemplo, mientras que para el realismo clásico el equilibrio bipolar es favorable a la inestabilidad (Morgenthau, 1986 [1948]; Kissinger, 1973; Aron, 1985) para los teóricos neorrealistas el equilibrio bipolar es más favorable a la estabilidad y la paz entre potencias que el equilibrio multipolar (Waltz, 1988). Las explicaciones de estas hipótesis están centradas en las implicancias del número de grandes potencias en el sistema. Para los realistas clásicos, un mayor número de potencias hace que los equilibrios sean más fáciles de romper, ello deriva en que los hombres de Estado deban orientar sus relaciones internacionales con mayor prudencia y responsabilidad, favoreciendo la paz entre potencias. Por su parte, los neorrealistas argumentan que en el marco de la bipolaridad, se reducen las incertidumbres al haber una sola combinación posible de grandes jugadores en el sistema, favoreciéndose así la estabilidad y paz del sistema.

En el marco de la teoría neorrealista, también es posible identificar dos teorías más específicas denominadas como neorrealismo ofensivo y defensivo. El neorrealismo ofensivo enuncia que dadas las condicionantes del sistema internacional, es habitual que las grandes potencias apliquen políticas expansivas, en ese sentido, la configuración multipolar es más favorable a la inestabilidad y conflictos de lo que es la estructura bipolar (Mearsheimer, 2001). Por su parte el neorrealismo defensivo postula que si los Estados conducen sus acciones a la maximización de seguridad y no a su expansión, el conflicto y la guerra entre grandes poderes puede ser evitable. Esta aproximación tiene conexiones con las aproximaciones de la disuasión nuclear ya que desde esta teoría también se enuncia que si las grandes potencias cuentan con armas nucleares para garantizar su propia seguridad, la guerra e inestabilidad entre potencias es menos probable que suceda (Jervis, 1989; Waltz 2003).

Por su parte, en el marco de las teorías realistas de la hegemonía también es posible identificar diversas proposiciones y explicaciones sobre la estabilidad del sistema internacional. Por ejemplo, tanto Robert Gilplin (1981) como Paul Kennedy (2006 [1994]) como teóricos de la estabilidad hegemónica, han coincidido en la siguiente proposición: el sistema internacional tenderá a una mayor inestabilidad cuando para una gran potencia en expansión, el beneficio de cambiar el orden internacional supere a los costos. Por su parte, para los teóricos de la transición de poder, cuando una estructura hegemónica del sistema se encuentra en una fase de transición, lo cual supone declive de la potencia hegemónica, ascenso de una potencia desafiante y cuestionamientos al orden internacional por la potencia desafiante, el sistema internacional se torna más conflictivo (Organski y Kugler, 1980; Tammen, et.al. 2000; Lemke, 2002). Las explicaciones teóricas sobre la proposición postulan que la combinación de paridad de capacidades materiales y la insatisfacción con el orden internacional por parte de un poder desafiante, son las fuentes de conflicto internacional.

Paralelamente, la teoría de los largos ciclos de poder (Modelski, 1987; Goldstein, 1988) enuncia como proposición que los períodos de mayor conflictividad se caracterizan por el desencadenamiento de guerras globales entre potencias de una duración entre veinte y treinta años. Estas guerras han sido el mecanismo fundamental por el cual se han consolidado nuevos liderazgos entre las potencial mundiales del sistema político internacional. Por su parte, la teoría de los ciclos de poder enuncia como proposición que cuando más de una gran potencia mundial se sitúa en alguno de sus puntos críticos de ascenso y declive en su proceso evolutivo, se acrecientan las probabilidades de guerras sistémicas y transformaciones estructurales abruptas. En tales puntos críticos, las incertidumbres entre las grandes potencias se acrecientan y los gobiernos no tienen la habilidad suficiente para adaptarse rápidamente a los cambios estructurales del sistema internacional (Doran, 1991).

En el marco de la tradición realista también es posible identificar dos generaciones de teorías de menor alcance que las precedentes y que se han ocupado de explicar el fenómeno de la integración regional. El intergubernamentalismo desarrollado por Stanley Hoffmann (1966) fue la primera teoría realista sobre la integración regional. Esta teoría postula que los gobiernos son los actores relevantes de los procesos de integración regional y sus decisiones en torno a la integración están influenciadas por dos factores:

1. los beneficios y costos de la integración para la economía nacional;

2. los beneficios y costos electorales de la integración regional para los partidos de gobierno.

El intergubernamentalismo liberal es la teoría realista de segunda generación sobre la integración regional. Tomando como caso de estudio distintas negociaciones que sucedieron a lo largo del proceso de integración europeo, Moravcsik (1991) enunció que la integración se explica por la combinación de tres factores:

1. ventajas comerciales que ofrece la integración regional;

2. el poder relativo de negociación que poseen los gobiernos más poderosos;

3. los incentivos que ofrece aumentar la credibilidad de los compromisos interestatales.

De estos tres factores, las ventajas comerciales que ofrece la integración es lo más importante.

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