Autor: Mario Bustamante Zapata, estudiante de Ciencia Política. IG: mariobustamantezapata

El pasado 15 del presente mes la Cámara de Diputados rechazó el proyecto de Educación Sexual Integral (ESI), que incluía a la educación sexual y afectiva desde la enseñanza básica como materia obligatoria, exclusivamente por falta de quórum. Frente a tan lamentable acontecimiento nos ha quedado muy clara una verdad: Chile sigue estando al debe en una materia esencial en el plano del completo y sano desarrollo humano. Muchas personas asociadas a movimientos conservadores y/o religiosos vociferaban que los infantes no deberían recibir educación en materia sexual a temprana edad porque al parecer se interrumpiría la infancia, ya que “los niños no están preparados mentalmente”. 

Las personas que indican lo anterior olvidan que desde la enseñanza pre-básica los estudiantes están aprendiendo materias que también podrían aprender “con el tiempo” como escribir, restar, ejercicio físico, etcétera, pero la diferencia es que la evidencia pedagógica empírica respalda que mientras antes se aprenda un contenido es mejor. Olvidan también que la educación es acorde a la edad del menor y en ningún caso se pasará a llevar sus naturales procesos de aprendizaje. Es decir, en ningún caso se hablará de sexo oral con estudiantes de segundo año básico.

Otro factor preocupante es la desigualdad sociodemográfica que se plasma en la educación sexual y afectiva, donde según un estudio publicado por un equipo médico de la universidad de Chile en la Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología en el 2019 los estratos socioeconómicos quedan reflejados en las tasas de embarazo adolescente en los rangos de 15 a 19 años, y mayor aún en los embarazos en madres menores de 15 años. En muchos de estos casos, por no decir todos, las madres habían tenido una escasa o inexistente educación reproductiva, ya sea en lo referente a la fertilidad o a los métodos anticonceptivos. 

Hemos pasado por alto también que los abusos sexuales se producen principalmente en la infancia. En nuestro país solo en el 2019 hubo 4.520 abusos sexuales contra menores de edad, de los cuales 3.493 fueron contra niños y niñas menores de 14 años. Al escuchar debates sobre el proyecto de ESI muchos personeros del ala conservadora de la política argumentaban que son los padres quienes tienen el derecho de educar a sus hijos en las materias de sexualidad, sin embargo, pocos padres se sienten cómodos al hablar de coito, preservativos, masturbación, sífilis o sexo anal con sus hijos, y en tal caso es mucho más probable que un joven se sienta más seguro mostrando sus dudas o sus apreciaciones con un profesional cualificado en vez de con sus padres. El argumento de que “son los padres” quienes deben proveer de educación en materia sexual me deja bastante dudoso cuando vemos que gran parte de los abusos sexuales en la infancia son cometidos por miembros del núcleo más cercano del menor: padres y tíos.

Además, hay que considerar que no todos los padres tienen una correcta preparación en sexualidad (ya sea a nivel psicológico o médico), por lo que dejar una materia tan fundamental en manos de quienes tal vez no tienen la preparación adecuada sería como privar a los estudiantes de las clases de matemáticas argumentando que los padres la deben enseñar. En el ejemplo anterior tal vez los padres y madres puedan hacer el intento, pero serían clases carentes de conocimientos y que solo aumentarían la desigualdad de conocimientos entre quienes tienen un padre ingeniero y aquel cuyo padre es jornalero de temporada. En este caso para evitar la desigualdad negativa asociada a las procedencias educativas es el Estado quien debe hacerse presente e impartir educación sexual a todos por igual.

Yendo más allá de las cifras de embarazo adolescente y abusos sexuales que repasamos anteriormente, quiero recordar que una gran cantidad de contagios de gonorrea está situada en los adolescentes desde los 15 años, y según el Boletín Epidemiológico del 2019 elaborado por el MINSAL los casos de gonorrea parten desde la infancia. 

Es claro que no todos los casos anteriores de contagios son por falta de educación, sin embargo, tenemos que hacernos cargo de los casos que efectivamente se producen por falta de información y dialogo. No sé qué esperar de una generación que desde el 2013 al 2018 hacía el “condon challenge”, que consistía en introducir el preservativo en la nariz y pasarlo hasta la boca por el orificio interior de la nariz, lo cual en muchos casos ocasionó irritación, sangrado interno y asfixia. Si los jóvenes son capaces de hacer eso con un preservativo podemos imaginar lo que harían en el plano del coito real o las relaciones afectivas sin el conocimiento adecuado.

La falta de educación sexual sin prejuicios ni complejos sociales hace estragos tanto en las mentes de los estudiantes como en la salud pública, por lo que otro problema asociado a la poca información es el enorme acceso a pornografía que existe actualmente. Según el informe anual de la productora PornHub en 2019 nuestro país se encontraba en el puesto 39 del ranking mundial en cuanto a consumo de pornografía. Si bien Chile está por debajo de México, Brasil y Argentina sigue siendo preocupante que una gran parte de los consumidores sean jóvenes, y aunque por motivos evidentes no se puede tener acceso confiable a esta información, se puede creer que un gran porcentaje de las visitas a las páginas de pornografía es realizado por menores de edad. 

El consumo de pornografía puede tener pocos niveles de riesgo en la medida en que el espectador tiene la madurez suficiente para saber que lo que está viendo en la pantalla no es más que una escena grabada para producir sensaciones eróticas, al igual que un dildo, los lubricantes o un anillo vibrador. El problema está cuando ese material es consumido por niños y adolescentes que producto de sus edades biológicas sumado a la falta de educación sexual no tienen un criterio formado, y pueden ser víctimas de los estereotipos que puede crear una industria tan grande como lo es la del porno. 

Al respecto Juan Pablo Araya, investigador del Departamento de Psicología de la UPLA, indica que “lo que uno está viendo y que uno no veía años atrás, es que los jóvenes a corta edad, incluso al iniciar su vida sexual comienzan con dificultades o con patologías sexuales como: disfunción eréctil, eyaculación precoz, insatisfacción sexual o lo que se ve mucho es la insatisfacción con el propio cuerpo”. Lo anterior se produce directamente porque actualmente los niños y adolescentes al no tener una educación sexual y afectiva se están educando por la pornografía, lo que ocasiona que desconozcan que el promedio oficial del pene en Chile es de 14 cm. y que los videos de pornografía que muestran penes de 25 centímetros como órganos comunes y a una mujer que tiene cinco orgasmos por cada video con solo recibir golpes de su compañero de escena no son más que producto del trabajo de una Productora.

Como en todos los casos vistos anteriormente la problemática que nos deja el rechazo del proyecto de ESI es que la brecha entre estudiantes de distintas procedencias socioeconómicas sigue aumentando, ya que un estudiante básico o secundario procedente de sectores altos tendrá una mejor educación sexual o en caso necesario tendrá mejores redes de apoyo y de resolución de problemas. El rechazo de la ESI es directamente un atentado contra los estudiantes y contra su derecho de tener una educación de calidad e igualitaria, ya que una educación que no enseña aspectos tan esenciales en el ser humano como la sexualidad, la diversidad sexual y la afectividad en cualquiera de sus ámbitos es desproporcionada, viciada y sesgada. 

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