Ayer en carta a El Mercurio conté sobre el intento de linchamiento espontáneo a un transeúnte de pelo corto, quien acusado por un grito anónimo: “es paco”, en menos de dos segundos fue pateado en la cabeza por cinco potenciales asesinos.

Pensando hoy en lo vivido, me doy cuenta que el hombre nunca tuvo la oportunidad de decir una palabra, pues lo condenaron al silencio de manera rápida y efectiva. Y es tan simbólico, “todos se estaban pateando en la cabeza”, los asesinos se niegan a pensar, solo asesinan, sin mediar palabra.

Desde esta perspectiva la frase “La Democracia es Diálogo”, me parece tibia. Yo afirmo “La Civilización es Diálogo”, por esto es necesario reconstruir la civilización a través de éste, aunque sea porque es la antitesis del ajusticiamiento instantáneo, de la violencia que solo enmudece. 

Para finalizar, una reflexión de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal: “El mal no es nunca ‘radical’, solo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Eso es la ‘banalidad’. Solo el bien tiene profundidad y puede ser radical.» La banalidad del mal puede afectar a cualquiera, hoy parecer carabinero es un crimen capital, mañana ser considerado cuico, gay, de alguna tendencia política o religiosa, o simplemente ser mujer, pueden ameritar ajusticiamiento en la vía pública.

Carta a El Mercurio publicada el Domingo 19 de Enero 2020

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