Los sorprendentes resultados del plebiscito, muestran que crear una nueva constitución es algo que motiva a chilenos y chilenas, una conversación en que quieren estar, en ese sentido como señala Cristóbal Bellolio la institucionalidad habría decodificado bien a la ciudadanía.

Ayer, desde mi perspectiva, se votó a favor de redefinir “Lo Político”, lo cual de acuerdo al informe del PNUD (2015) “es aquello susceptible de ser decidido colectivamente”, y aquí va a ser necesario bajar las expectativas, pues una constitución se queda chica frente a esta perspectiva. Especialmente, porque siguiendo al destacado abogado Gérard Oliger Abaroa una constitución, es una serie de restricciones al actuar del Estado, un listado de las cosas que NO debe hacer.

Decir que está crisis es fruto de expectativas altas, de la esperanza, es de perogrullo, de lo cual la última palabra la tiene Tocqueville. El mismo informe del PNUD (2015) muestra que el segmento con más malestar de la sociedad, es el menos politizado. Y demuestra que por lo menos en esa fecha, la base de la politización era la esperanza, no el malestar.

Mi diagnóstico de la votación de ayer

La derrota estruendosa del rechazo, se debió a que el Rechazo construyo una identidad demasiado radical, mientras el Apruebo construyo una identidad difusa y vaga. Por ejemplo, si yo digo algo como “Yo voto apruebo por la dignidad de los chilenos”, estoy diciendo una platitud, una frase agradable que es tan amplia que no tiene significado preciso, pues ¿qué es dignidad?, no digo que saquemos el diccionario, pues todos y todas tenemos una definición desde la guata de lo que es, y frente a esta platitud, atribuimos ese significado nuestro y lo leemos como universal. Es decir, el apruebo se constituyo como una etiqueta positiva y difusa con la cual, cualquiera puede identificarse. 

En cambio el rechazo se la jugó por una identidad radical y no era mala idea, pensando que los más jóvenes, que tienden a ser del apruebo, votan menos y que tal como señala el informe PNUD (2015) la ciudadanía tiende a preferir el orden, por sobre la libertad. Pudo haber resultado, pero la concurrencia a votar fue muy alta y esa radicalidad, les jugo en contra.

Veamos la construcción de la identidad del rechazo. Primero muchas personas desde el liberalismo y el libertarianismo, podían ver razones de peso para defender la constitución de Guzmán, pues defiende adecuadamente la propiedad privada (o la sobre defiende como señala el destacado abogado José Francisco García) y el libre mercado. También está el contexto de que ha llegado mucha migración desde países que han caído en el populismo y es razonable que al escuchar las historias de estas personas, como desde el tema constituyente se fue deteriorando la economía, se decida defender la constitución existente. A este grupo, se unieron personas de la centro derecha moderada que ve con muy malos ojos la violencia imperante desde el estallido, acá se une el mundo pro propiedad privada y anti violencia.

Después empezaron a llegar personas desde el mundo ultraconservador y evangélico, que defienden la constitución guzmaniana, porque al ser más conservadora frenaría la agenda progresista moral, probablemente en este punto, los moderados del rechazo se empiezan a sentir incómodos, pero se aguantan porque la causa conjunta, tiene primacía.

Se van sumando nacionalistas, a la causa del rechazo, personas que quieren sacar al país del sistema de las Naciones Unidas, especialmente de los compromisos internacionales en torno a Derechos Humanos. Los nacionalistas, además atraen a algunos populistas de derecha, que como ellos desconfían de la institucionalidad, en fin, se va uniendo gente cada vez más extrema y radical.

Finalmente, esta radicalidad se vuelve intragable para el votante moderado, la mayoría silenciosa que el rechazo paradójicamente esperaba atraer, aquella gente en teoría no se atrevía a levantar la voz por miedo a quienes a su alrededor aprobaban. 

Este coctel identitario se volvió veneno para la mayoría de los moderados y liberales demócratas de derecha y centro derecha, pues votar por el rechazo, no era tanto votar a favor de reformar una constitución, que ha tenido muchísimas enmiendas, y es más la constitución de Lagos que la de Pinochet, sino que se volvió entre elegir optar vivir en “el cuento de la criada” (para quienes no ubiquen, el libro o la serie “una distopia que muestra una sociedad rígidamente autoritaria, patriarcal y religiosa”) o elegir la otra opción, que es indefinida, pero representa la esperanza.

Esta opción la constitucional, es una opción institucional, y en ese sentido es una victoria para la democracia liberal, pero depende del liderazgo político certero y de dejar de romantizar la violencia y al joven luchador rebelde, quienes con su énfasis en la intimidación, las palizas a quienes representan miradas distintas, no es un defensor de la libertad, sino un aspirante a liberticida.

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