El juicio está lejos de ser final, pero la pandemia de covid-19 también ha impactado la popularidad de los líderes de todo el mundo.

Aunque, como el coronavirus mismo, ese impacto no se hecho sentir igual en diferentes territorios.

En términos generales la tendencia ha sido fundamentalmente positiva para los que están en el poder: un reciente análisis de encuestas hecho por el Financial Times encontró que la crisis sanitaria ha hecho mejorar las valoraciones de los líderes de casi todas las democracias del planeta.

Según el FT, la subida promedio es de nueve puntos en el caso de las diez democracias más grandes por número de habitantes.

«Los gobernantes en general se han beneficiado políticamente de la pandemia. Son pocos los gobernantes que han sido castigados hasta el momento», coincide Marta Lagos, directora fundadora de Corporación Latinobarómetro.

«Hay un beneficio evidente. Distinto, pero evidente«, le dice a BBC Mundo.

En el caso latinoamericano esa diferencia se ve, por ejemplo, en los casos del presidente peruano, Martín Vizcarra, que ha visto su popularidad en los sondeos dispararse hasta el 87% y el de su vecino chileno, Sebastián Piñera, que si bien ha más que duplicado la suya no ha pasado del 21%.

Y dos de las excepciones más vistosas de la tendencia -que ha visto subir la popularidad incluso del presidente del país con más casos de covid-19 en el mundo, el estadounidense Donald Trump- también se encuentran en América Latina.

El mexicano Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, vio como una encuesta publicada el pasado 26 de marzo por el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) le asignaba un 37,4% de popularidad, la medición más baja desde su llegada al poder en diciembre de 2018.

Mientras que solamente un 34% de los brasileños piensa que el presidente Jair Bolsonaro está haciendo un buen trabajo, según una encuesta de Datafolha publicada el viernes.

En la región, sin embargo, también se destaca el salto dado por el presidente argentino, Alberto Fernández, que registra un 79%, de popularidad, según la medición de la firma Analogías.

E incluso en Colombia hay indicios de que las medidas tomadas para enfrentar la crisis podrían darle un respiro al presidente Iván Duque, quien a finales de febrero registraba una aprobación de únicamente 23%.

Según el corresponsal de BBC Mundo en Bogotá, Daniel Pardo, la encuesta polimétrica para el mes de abril de la firma local Cifras y Conceptos encontró que un 61% de los colombianos aprueba la forma en la que Duque ha gestionado la pandemia, lo que podría augurar un salto de su popularidad.

Y algo parecido muy probablemente sucederá en países como El Salvador y Guatemala, donde la gestión de la pandemia de los presidentes Nayib Bukele y Alejandro Giammattei ha alcanzado una aprobación del 97% y 89%, respectivamente, según sondeo de la empresa mexicana Mitofsky. 

Causa común

«Nunca hay que perder de vista el punto de partida», recalca sin embargo Lagos, para quien los modestos números de Piñera sugieren que la gestión de la pandemia no será suficiente para superar la crisis de representación que existía antes de la llegada del coronavirus. 

«Piñera partió de un 6%, que era prácticamente la inexistencia de aprobación. Y aunque Chile lo está haciendo bastante bien en el control de la pandemia, el aplauso es pequeño«, destaca la fundadora de Latinobarómetro.

Mientras que para Jorge Galindo, director de economía política y visualización de datos de Esade EcPol, el caso colombiano -en el que la aprobación de la gestión de Duque es mucho menor que la de gobernadores y alcaldes- también puede ser un buen ejemplo de como la polarización previa limita el aumento de la popularidad presidencial que es típico de tiempos de crisis.

«En ciencia política a ese fenómeno se le llama en inglés to rally around the flag: o sea, nos unimos todos alrededor de la bandera, la patria y el líder para juntos superar el reto», le dice Galindo a BBC Mundo.

Y explica que hay dos razones para que no se esté activando ese efecto.

«Una es porque, como estamos en la lógica comparativa, si tú estás viendo que tu país no está haciendo lo suficiente en comparación con tus vecinos y la epidemia sigue creciendo, entonces vas a evaluar peor al líder. Eso es lo que le pasa a AMLO y Bolsonaro», señala el sociólogo español desde Bogotá.

«En otros lugares -que es el caso de España y, hasta cierto punto quizá, aunque no tenemos buenos datos todavía, también sea el caso de Colombia- es porque la polarización previa era muy, muy grande».

Por su parte, Lagos destaca que «una cosa definitiva que se produce con la pandemia es que el presidente de la república o el primer ministro se transforma en la única figura capaz de hacer algo por nosotros, uno pasa a depender de la autoridad de una manera que no es habitual». 

«La gente está todo el día mirando a la autoridad para ver si la autoridad puede mejorar la situación de crisis. Y esa dependencia evidentemente hace que cualquier medida que se tome sea vista como un avance en el control de la crisis», agrega.

De hecho, la principal razón detrás de la caída de popularidad de AMLO -para Lagos, el gran perdedor político de la crisis, hasta el momento- es que muchos mexicanos parecen sentir que su mandatario ha minimizado la gravedad de la pandemia con sus palabras y actos.

El gobierno mexicano se ha resistido a imponer una cuarentena obligatoria y solo orientó la suspensión de actividades no esenciales el pasado 30 de marzo.

Y el 68,5% de los encuestados por GCE dijo no considerar que su gobierno esté preparado para enfrentar la emergencia sanitaria.

En contraste, el presidente Vizcarra ordenó aislamiento social obligatorio desde el pasado 16 de marzo, diez días después de que se registrara la primera infección por coronavirus en Perú y el país solo acumulaba 86 contagios.

Y esa es una decisión que, según la encuestadora Ipsos, cuenta con el apoyo del 95% de los peruanos.

Situación cambiante

Tanto Galindo como Lagos, sin embargo, advierten que las valoraciones de hoy podrían cambiar radicalmente mañana.

«Al final del día esta cosa va a ser bien notable porque si uno piensa lo que han hecho los gobernantes, como lo dijo Merkel hace unas dos semanas, es quitar la libertad. Estamos aplaudiendo que nos quiten la libertad«, explica Lagos.

«Lo tremendo va a ser cuando la crisis se termine», agrega la chilena, quien anticipa que, poco a poco, la valoración ciudadana podría irle quitando peso al aspecto sanitario para centrarse en lo económico.

«Va a depender de la cantidad de muertos, porque en el caso de Guayaquil, en Ecuador, la economía da igual cuando tienes ese desastre apocalíptico», le dice a BBC Mundo. 

«Entonces dependerá de la evolución de la pandemia en los diferentes países. Pero yo diría que en general va a haber un período en el que va a valer más la salud y luego un periodo en el que va a valer más la economía», agrega.

«Lo que ahora vemos como un efecto de aumento de la popularidad hay que ver cuánto tiempo y cómo se mantiene, porque va a depender de la gestión de la crisis y de la politización, inevitable, de la misma», apunta por su parte Galindo.

«Los epidemiólogos siempre dicen que durante una epidemia cualquier medida que se tome antes del inicio del aumento exponencial de la curva va a parecer exagerada y van a criticar a los líderes por tomarla, y cualquier medida que se haya tomado después parecerá insuficiente», explica. 

«Es lo que se conoce como ‘el efecto tiburón, todo el mundo está en la playa, alguien te dice que el tiburón va a llegar y como tú no ves al tiburón no te lo crees. Pero luego dices es que tendrías que haber hecho más», le dice a BBC Mundo.

Para el experto, sin embargo, un aspecto interesante de la pandemia del coronavirus es que ese efecto desapareció bastante pronto por el carácter global de la misma.

«Tú estás viendo lo que le está pasando al vecino y la lógica pasa a ser de comparación: en lugar de evaluar lo que tú ves a tu alrededor, tú evalúas en función de lo que está pasando en China, en Italia, en España, en Ecuador y dices: ‘No, es que yo no quiero que mi país acabe así‘» dice.

Lagos, sin embargo, advierte sobre los riesgos de comparar entre cifras y realidades que no son comparables. 

«Yo creo que después de un año es que vamos a poder comparar las cifras de mortalidad normales que tiene un país con las cifras de mortalidad en el año del virus y vamos a saber efectivamente cuál fue número de muertos por causa del virus. Y yo creo que ahí es cuando va a venir el juicio político, muy probablemente después de que los gobernante se hayan ido«, le dice a BBC Mundo. 

«Por eso yo creo que hay que ver el desempeño del país, porque los gobernantes están de paso y este virus puede durar más que los gobernantes», concluye.

Por Arturo Wallace para BBC News Mundo 07 de Abril 2020

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