El amarillo en la política británica se remonta al menos a 1928, cuando el ex primer ministro liberal David Lloyd George (quien gobernó Gran Bretaña victoriosamente durante la Primera Guerra Mundial), publicó un informe de una investigación del Partido Liberal —uno de los dos partidos políticos más antiguos del mundo—, titulado «El futuro industrial de Gran Bretaña» escrito en conjunto con John Maynard Keynes, entre otros.

Ese informe todavía se conoce hasta el día de hoy como “El Libro Amarillo”. 

Presumiblemente porque durante la segunda mitad del siglo XIX, se publicaron historias sensacionales de ficción y aventuras con cubiertas amarillas. Un “libro amarillo” era algo nuevo, ya fuera para bien o para mal.


Incluso “The Yellow Book” fue una revista, que hacía referencia a esos libros amarillos. Esta fue una revista líder de la década de 1890 británica; hasta cierto punto asociada con el esteticismo y la decadencia, la revista contenía una amplia gama de géneros literarios y artísticos, poesía, cuentos, ensayos, ilustraciones de libros, retratos y reproducciones de pinturas. 


Y se le ha atribuido la idea de la cubierta amarilla, con su asociación con la ficción francesa ilícita de la época.

Aunque Oscar Wilde nunca publicó nada dentro de sus páginas, estaba vinculado a él, en El retrato de Dorian Gray (1891) de Wilde, una importante influencia corruptora sobre Dorian es el mismísimo «libro amarillo» que el personaje Lord Henry le había enviado a Grey, para divertirlo después del suicidio de su primer amor.

Estos libros en París estaban envueltos en papel amarillo para alertar al lector sobre su contenido lascivo. 


El color brillante del Libro Amarillo asoció inmediatamente al periódico con las novelas francesas ilícitas, una anticipación, pensaron muchos, del contenido difamatorio que contenía.

Por lo tanto, los liberales de todo el globo, le debemos el color que nos representa ideológicamente a todos, a una deuda que en su origen al menos, es con el programa político futurista de los vencedores aliados y su posterior plan para modernizar la economía, que para los conservadores, eran considerado como ciencia ficción, por tanto, también le debemos nuestro distintivo color a los libros de fantasía con tapas amarillas, muy utilizadas por los británicos, para advertir la procedencia literaria francesa de los libros. Libros cargados de libertinaje y vanguardia bohemia. 

¿Que consejo histórico nos queda?

El liberalismo debe volver a recoger toda estas historias y tradiciones, que son justamente volver a la fuente e integrar la visión de futuro, el soñar con una ciencia ficción plausible, con leer lo que nos advierten cómo prohibido y abrazar lo censurado, recuperar el erotismo de la bohemia parisina, ese liberalismo tan burgués y al mismo tiempo tan bohemio, rescatarlo del siglo XIX a nuestros días, es una deuda con nuestra propia tradición hedonista y futurista. 

Tenemos acá una marca, un símbolo, con una historia común a todos los liberales del mundo, por más conservadores o sociales que sean, el dorado color de los libros amarillos, son parte de nuestro sensual génesis estético.

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