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Por Hernán Olmedo González

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Aproximaciones teóricas sin tradición en las Relaciones Internacionales

Además de las teorías inscriptas en las cuatro grandes tradiciones de investigación reseñadas, en la Teoría de las Relaciones Internacionales también es posible identificar dos conjuntos de teorías adicionales. Estas teorías, si bien hunden sus raíces en tradiciones epistemológicas diferentes y, en buena medida, consolidadas, no encuentran una articulación evidente con las principales tradiciones identificadas en la Teoría de las Relaciones Internacionales. Con perspectivas epistemológicas muy diferentes, por un lado se encuentran las aproximaciones teóricas que en el campo de estudios se las ha denominado como teorías reflexivas, por otro, se encuentran las aproximaciones teóricas de las Relaciones Internacionales que presentan fuerte conexión con las ciencias de la complejidad.

Las aproximaciones reflexivas

Siguiendo la propuesta construida por Patrick Jackson (2011) para clasificar las Teorías de las Relaciones Internacionales en función de la articulación de los ejes ontológicos y epistemológicos, es posible afirmar que la filosofía subyacente en estas aproximaciones es fuertemente reflexiva, al concebir que la realidad es una construcción por parte de los observadores. En ese sentido, en el plano ontológico son aproximaciones fuertemente monistas en el sentido de que niegan la existencia de una realidad independiente a los investigadores. En el plano epistemológico, rechazan la aplicación del método científico inspirado en las ciencias de la naturaleza como forma de validación del conocimiento, abogando por la aplicación de métodos interpretativos como mejor forma de validar el conocimiento sobre social en general e internacional en particular.

Si bien no es posible afirmar que las teorías reflexivas en el campo de las Relaciones Internacionales hayan alcanzado el nivel de tradición de investigación, sí es preciso señalar que estas teorías se asientan en la tradición epistemológica hermenéutica, de fuerte impronta y desarrollo en los campos de las ciencias sociales y humanas. Para la hermenéutica, a la cual es posible considerar como la disciplina de la interpretación y que se ha consolidado a partir de las obras de Nietzsche y Heidegger, los hechos, los enunciados teóricos y todo el instrumental de la ciencia no está libre de interpretación, es decir, de la asignación de sentidos. Desde esta perspectiva, es posible afirmar que los estudiosos y constructores de teorías reflexivas no pondrán el énfasis en la articulación lógica entre axiomas, hipótesis y métodos sugeridos teóricamente para contrastar hipótesis, sino más bien en las propiedades lingüísticas y semánticas de las teorías. En acuerdo con (Bunge, 1999), eso parece ser tarea más propia de críticos literarios que de científicos teóricos.

En el campo de la Teoría de las Relaciones Internacionales, en el marco de las teorías reflexivas se encuentran: la teoría crítica, la teoría posmodernista, feminismos, post-estructuralismo.

La teoría crítica ha sido desarrollada fundamentalmente por Richard Ashley, Robert Cox y Andrew Linklater. Richard Ashley (1986) dirigió sus críticas a la teoría racionalista neorrealista, argumentando que el concepto de estructura de poder propuesto por Kenneth Waltz es una suerte de expresión del status quo y no de emancipación. Desde esta misma perspectiva, también tomando como objeto de crítica a la teoría neorrealista, Robert Cox (1986) ha considerado que esta teoría no ha sido construida con una finalidad de emancipación sino de resolver problemas. Por su parte Linklater (1996) propone una suerte de emancipación universal a través de una suerte de nuevo pensamiento sobre distintas nociones, entre ellas destaca las de soberanía y ciudadanía que, en el sentido que poseen actualmente, reflejan que las relaciones sociales internacionales tienen un talante mucho más excluyentes que incluyentes. Claramente, es posible identificar que lo subyacente en estas teorías no es una finalidad científica de explicar determinados fenómenos internacionales, sino que su finalidad es más bien activista o política. En ese sentido, son teorías que en el mejor de los casos proponen alternativas de cambio sustentadas en determinados principios normativos y filosóficos, no científicos.

En el marco de estos enfoques reflexivos también es posible identificar las teorías posmodernas de las Relaciones Internacionales. Estas teorías se han concentrado en el estudio y aplicación de formas de investigación alternativas. En ese sentido, proponen una forma de validación de conocimiento que se basa o bien del enfoque genealógico, orientado a escribir contra-historias que evidencian la exclusión de otros relatos, o bien en la deconstrucción basado en oposiciones conceptuales construidas en la tradición modernista (Campbell, 2010: 213-237). En ese sentido, los enfoques posmodernos aplicados al estudio de las relaciones internacionales también constituyen una crítica radical fundamentalmente a los supuestos epistemológicos y metodológicos de las aproximaciones racionalistas.

Las teorías feministas cuestionan fuertemente también los enfoques racionalistas en la disciplina fundamentalmente por dos razones: por un lado, debido a la falta de consideración de éstos hacia el problema del género en el plano internacional; en segundo lugar, por considerar que las teorías racionalistas están ancladas en experiencias masculinas perpetuando de esa forma una jerarquía de género. En este sentido, consideran que solo incorporando la perspectiva de género es posible alcanzar una visión diferente de las relaciones internacionales. La construcción teórica del feminismo ha estado conformada por tres vertientes: el feminismo liberal; el feminismo crítico; el feminismo posmoderno. Estas tres perspectivas se asemejan en que sus teorías presentan una fuerte impronta normativa, orientada a denunciar la desigualdades de género a nivel internacional y proponiendo reformas para superarlas.

Las teorías de la complejidad de la política mundial

En el campo de la Teoría de las Relaciones Internacionales los enfoques de la complejidad son las aproximaciones teóricas de última generación. Estos enfoques conllevan un cambio en el modo de llevar adelante la empresa científica ya que reposan en lo que podríamos denominar una epistemología sistemista (Bunge, 1996). A diferencia de las aproximaciones analíticas, los abordajes desarrollados desde la perspectiva de la complejidad no estudian el sistema internacional a partir de una colección de componentes. Con respecto a las perspectivas sistémicas-holistas, tampoco son abordajes que se concentren exclusivamente en el estudio del entorno de los componentes del sistema, omitiendo la influencia que los propios actores pueden tener en la construcción del entorno. En esencia, las perspectivas de la complejidad Complexity in World Politics, estudian problemas de las relaciones internacionales que son emergentes de los modos de organización de los componentes del sistema.

Es posible afirmar que las perspectivas científicas de la complejidad tienen sus raíces en el campo de la termodinámica, la cual es una disciplina abocada al estudio de las dinámicas de la energía de los sistemas que están conformados por millones de componentes. Otras influencias principales han provenido de las contribuciones de Alberth Lehninger y Jacques Monod en el campo de la bioquímica, Ilya Prigogine con la termodinámica del no-equilibrio, Benoit Mandelbrot y la geometría fractal, la teoría del caos de Lorenz, entre otros enfoques teóricos sobre sistemas complejos. Con sus matices, todos estos abordajes sistémicos comparten el interés por estudiar e identificar los mecanismos que operan en los modos de organización de los sistemas.

En ese sentido, las aproximaciones de la complejidad se asientan sobre una serie de principios alternativos a los tradicionales de la epistemología analítica, la cual ha sido central en el desarrollo de la Física Clásica. Por ejemplo, el principio reduccionista de la descomposición es sustituido por un principio sistemista de composición, el principio de causalidad unidireccional es sustituido por el de causalidad recurrente, el de interacción por los de emergencia y auto-organización, y los de linealidad y reversibilidad del tiempo por los de no-linealidad e irreversibilidad. Desde esta perspectiva, muchos científicos teóricos de las Relaciones Internacionales conciben al sistema internacional como un sistema complejo en el cual, a diferencia de los sistemas complicados, de las relaciones entre los componentes emergen nuevas propiedades que no pueden ser explicadas a partir de la suma de características de las partes. En los sistemas complejos las decisiones de los agentes se encuentran descentralizadas, por lo tanto, los componentes tienen capacidad de auto-organización a distintas escalas, se encuentran abiertos a interferencias externas de otros sistemas, tienen capacidad de adaptación y evolución. Todo ello genera que los resultados sobre distintos fenómenos sistémicos sean impredecibles (Axerlrod, 1997; Cederman, 1997; Jervis, 1997; Harrison, 2006; Kavalski 2007, 2015; Clemens, 2013).

Ahora bien, al no constatarse una teoría robusta de los sistemas complejos aplicable al estudio de las relaciones internacionales, actualmente las aproximaciones empíricas a los problemas internacionales no tienen otra opción que aplicar metodológicas desarrolladas en otros campos científicos. Por ejemplo, en conexión con la termodinámica y la teoría de las transiciones de fase de los sistemas, una línea de investigación empírica puede estar basada en la aplicación de modelos estadísticos no-lineales. A partir del paradigma de la criticalidad desarrollado por Per Bak (1996), perfectamente puede aplicarse la simulación computacional del Modelo Basado en Agentes. Asimismo, dado que una de las propiedades de los sistemas complejos es su dependencia del pasado, los estudios mediante diseños longitudinales en base a series de tiempo también puede ser metodologías compatibles para el estudio de problemas de las relaciones internacionales. Ello revela que si bien las perspectivas de la complejidad ofrecen una perspectiva alternativa para resolver problemas de investigación de las Relaciones Internacionales, sus avances teóricos y metodológicos todavía son muy incipientes.

Conclusiones

Este trabajo tuvo como finalidad presentar una historia de la Teoría de las Relaciones Internacionales. Para ello se propuso exponer de manera sistematizada las dos formas por las cuales los teóricos de este dominio se han aproximado al estudio de su evolución: a partir de la articulación de las teorías con el contexto internacional y a partir de la conexión de las teorías con las grandes tradiciones de investigación existentes en las Relaciones Internacionales.

Estudiando la evolución de la teoría en función de un eje cronológico, en poco más de cien años de evolución este campo de estudios registró cinco generaciones de teorías diferentes.

Por su parte, vistas las teorías desde su conexión con grandes matrices teóricas de gran alcance (Merton, 1992), en el trabajo se pueden identificar la existencia de cuatro grandes tradiciones de investigación –realista, liberal, societal, marxista- con sucesiones de teorías en su interior.

También se han identificado las teorías inscriptas en los enfoques reflexivos y las teorías de la complejidad de la política mundial, sin embargo, ninguna de ellas puede articularse con las tradiciones de investigación principales del campo de estudios.

Paralelamente, el artículo refleja que las teorías se sustentan en diferentes ontologías, axiomas y epistemologías.

Desde un eje ontológico, las teorías pueden dividirse en monistas o dualistas, las primeras se sustentan en el postulado de que la realidad es una mera construcción de los investigadores, las segundas, en la tesis de que la realidad exterior es independiente de las construcciones intelectuales de los teóricos. Tanto en uno como en otro bando, es posible identificar teorías pertenecientes a las distintas tradiciones de investigación.

Con respecto a los axiomas o proposiciones que no necesariamente requieren demostración, es a través de ellos que no solo ha sido posible identificar las cuatro grandes tradiciones de investigación del campo de estudios, sino también la gran diversidad de temas y problemas existentes que han sido objeto de abordaje por los investigadores de este dominio. A grandes rasgos, entre los temas y problemas más destacados se encuentran los asociados a la guerra, paz y estabilidad internacional, la cooperación, el bienestar, desarrollo y desigualdad, entre tantos otros. Que algunos problemas específicos sean abordados en mayor medida por teóricos pertenecientes a una tradición de investigación que a otra, se explica en buena medida por los axiomas existentes en cada una de las teorías.

Por último, el artículo refleja también que desde un plano epistemológico, las teorías sugieren diversas formas de validación de conocimiento. En ese sentido, en este proceso de evolución claramente es posible identificar teorías científicas y críticas de los abordajes científicos en el campo de las Relaciones Internacionales. Estas últimas se inscriben fundamentalmente en el marco de los enfoques reflexivos y en algunos enfoques societales, sugiriendo formas de validación del conocimiento orientados a la interpretación más que a la explicación de problemas internacionales. Entre las teorías científicas pertenecientes a diferentes tradiciones de investigación, es posible identificar teorías con una fuerte impronta epistemológica reduccionista y analítica, teorías científicas con una fuerte impronta holística sistémica, e incluso teorías sistemistas, estas últimas procuran optimizar los mejor de la descomposición que supone el análisis y lo mejor de la síntesis que implica el abordaje sistémico. Indudablemente todas estas epistemologías sugieren métodos de investigación alternativos para abordar los problemas del campo de estudios.

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