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Por Hernán Olmedo González

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La tradición de investigación liberal, sus teorías y problemas

Los antecedentes normativos de esta tradición de investigación pueden identificarse en los escritos Hugo Grocio, Adam Smith, John Locke, pero, sin lugar a dudas, el pensamiento filosófico de Immanuel Kant ha sido el más influyente en la conformación de esta tradición de investigación.

Kant postuló que el estado de guerra es un estado natural y, en ese sentido, para evitar el conflicto bélico y favorecer la paz es necesario construir tres mecanismos: en el plano estatal, mediante la organización institucional sobre la base de principios republicanos; en el plano internacional, mediante el desarrollo de Derecho Cosmopolita y la construcción de un pacto federal entre los pueblos, foedus pacificum (Kant, 2005 [1795]: 15-26).

Estos antecedentes condicionaron el surgimiento de la tradición de investigación liberal en la Teoría de las Relaciones Internacionales, la cual reposa sobre los siguientes dos supuestos arbitrarios:

1. en la época moderna y contemporánea, si bien los Estados son actores importantes de las relaciones internacionales, no son los únicos, junto con los Estados también se encuentran los Organismos Internacionales, agrupaciones de las sociedades civiles nacionales con poder de influencia transnacional, entre otros actores;

2. los diferentes actores internacionales orientan sus acciones no solo en búsqueda de sus propios intereses, también para el beneficio e intereses de la totalidad.

Ha sido a partir de estos axiomas que en el marco de la tradición de investigación liberal es posible agrupar las principales teorías en lo que Oneal y Russett (2001) han denominado como triángulo kantiano. En el triángulo kantiano se encuentran la teoría de la interdependencia compleja; la teoría liberal de las instituciones y regímenes considerados como órdenes internacionales parciales, de alcance regional o mundial, que tienen el propósito de que ciertas áreas de la política internacional no dependan exclusivamente de las prácticas unilaterales de los Estados. Desde las aproximaciones institucionalistas liberales se argumenta que por intermedio de regímenes internacionales los Estados cooperan para hacer posible la gobernabilidad internacional en distintas áreas, tanto de seguridad como de bienestar (Krasner, 1983; Keohane, 1988: 73; Keohane, 1993: 23; Hasenclever, Mayer y Rittberger, 1997).

La tercera teoría que conforma el triángulo kantiano es lo que se ha denominado como liberalismo republicano o teoría de la paz democrática. Enraizada en la tradición liberal pero metodológicamente aplicando una perspectiva estado-céntrica, tres problemas centrales han ocupado a los investigadores de la paz democrática:

1. estudiar qué tan pacíficas son las democracias;

2. investigar qué tan pacíficas son las relaciones entre democracias;

3. dar cuenta si la expansión de las democracias tiene efectos pacificadores en el sistema internacional.

Avanzar en la resolución de cada uno de estos problemas ha conllevado que la investigación se realizara desde tres niveles de análisis diferentes: monádico; diádico; sistémico.

Desde un nivel de análisis monádico, los primeros investigadores sobre qué tan pacífica son las democracias, han estudiado la propensión a la guerra de los Estados democráticos. Los primeros aportes empíricos fueron de Babst (1964), Melvin Small y David Singer (1976) e identificaron que las democracias no necesariamente son más pacíficas que otros tipos de regímenes. Desde un nivel de análisis diádico, sí se han identificado hallazgos sustantivos, en función de definiciones específicas de democracia y de guerra interestatal, no se ha constatado una sola guerra entre democracias (Doyle, 1983; 1986; Russett, 1993). Debido a ello, muchos estudiosos de las relaciones internacionales adhirieron a la idea sugerida por Jack Levy (1988), la ausencia de guerras entre democracias es lo más cercano a la primera ley científica del campo de estudios. Desde un nivel de análisis sistémico, lo que se ha constatado es que los efectos pacificadores de la democracia pueden identificarse una vez que las democracias han superado el umbral del 40% de prevalencia en el sistema internacional (Gleditsch y Hegre, 1997; McLaughlin, 1999; 2012).

A nivel teórico, las explicaciones sobre la suerte de ley científica se han dividido entre explicaciones de tipo institucionalista y constructivistas. Las explicaciones institucionalista formales, explican la ausencia de guerras entre democracias por los mecanismos de frenos y contrapesos que tienen las propias democracias. Estos mecanismos limitan a los líderes políticos a tomar decisiones unipersonales que puedan conducir a un Estado a participar en una guerra. Además, este sistema de frenos y contrapesos derivado de mecanismos representativos, tiene por efecto que la población se encuentra más informada sobre los procesos de toma de decisión exterior de los Estados que en ocasiones puedan conducir a una guerra. Por su parte, las explicaciones de orden constructivista centran su argumentación en las instituciones informales, en las prácticas consuetudinarias de los Estados y los valores que representan. Desde esta perspectiva, las democracias no se hacen la guerra porque se perciben a sí mismas como pacíficas, básicamente comparten principios y valores de solución de controversias.

En el marco de la tradición liberal también es posible identificar al menos dos generaciones de teorías sobre el problema de la integración regional. En la primera generación se encuentran el desarrollo de la teoría transaccionalista de Karl Deustch (1957) y neofuncionalista de Haas (1964). Para este último, la integración política es resultado de un proceso por el cual los actores políticos de diferentes entornos nacionales son llevados a transferir sus lealtades, expectativas y actividades hacia un nuevo centro, cuyas instituciones poseen o exigen jurisdicción sobre los Estados nacionales. Una segunda generación de teóricos neofuncionalistas se desarrolló a partir de la teoría de la gobernanza supranacional. Desde esta teoría se propone explicar los niveles de gobernanza supranacional a partir de los niveles de transacciones de los distintos actores de las sociedades civiles nacionales (Sandholtz y Stone, 1998).

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