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Por Hernán Olmedo González

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La tradición de investigación marxista, sus teorías y problemas

Los estudiosos de las relaciones internacionales que se inscriben en esta tradición hunden sus raíces en los escritos de Marx y Engels.

Según estos pensadores, la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases: libres y esclavos, patricios y plebeyos, opresores y oprimidos, empeñados en una lucha sin interrupciones que en cada etapa ha conducido transformaciones revolucionarias de los regímenes sociales o al exterminio de ambas clases beligerantes.

En palabras de Marx y Engels, la sociedad burguesa, que ha sido construida sobre las ruinas de la sociedad feudal, no ha suprimido las contradicciones precedentes sino que las ha sustituido por otras formas de opresión y lucha. La burguesía, luego de conquistar la gran industria y el mercado universal, conquistó la hegemonía del poder político en el Estado moderno. Desde entonces, los gobiernos de los Estados modernos no son más que una junta que administra los negocios de la clase burguesa (Marx y Engels, 1985 [1872]: 36-38).

Esta suerte de diagnóstico sobre la historia de la humanidad deriva de sus epistemológicas plasmadas en los materialismos dialécticos e históricos. La realidad, definida únicamente por la materia, se caracteriza por estar en continuo cambio dialéctico entre oposiciones. La tesis, conformada por el grupo dominante, tiente una antítesis, conformada por el grupo que se opone. La síntesis, es el sistema económico, político y social que deriva de la colisión de las oposiciones precedentes. Pero la síntesis, a su vez, se torna en afirmación y, por tanto, se transforma en tesis, por consiguiente también tendrá su antítesis. A partir de esta ontología dualista que da cuenta del núcleo duro de esta tradición de investigación, se construyeron una serie de teorías específicas de las relaciones internacionales. En ese sentido, es posible identificar al menos cuatro corrientes teóricas marxistas en la Teoría de las Relaciones Internacionales: las teorías del imperialismo; la teoría centro-periferia; las teorías de la dependencia y del sistema mundial; la teoría neo-estructuralista.

Las teorías del imperialismo despuntan con la obra escrita en 1910 por Rudolf Hilferding El capital financiero y continúan con los trabajos de Luxemburgo, Lenin y Bujarin. Si bien estos autores aportaron distintas explicaciones sobre el fenómeno del imperialismo, en términos generales coinciden en que el capital tiene la particularidad de dirigirse desde países con composiciones orgánicas más altas hacia aquellos con composiciones orgánicas más bajas (Santi, 1977: 11-37).

En la teoría del sub-consumo de Rosa Luxemburgo, ello se explica por el bajo poder adquisitivo y empobrecimiento de la clase trabajadora, razón por la cual, la conquista de nuevos mercados es indispensable para la supervivencia del propio sistema capitalista.

La teoría del imperialismo de Lenin explica la expansión capitalista a partir de la tendencia a la baja en la tasa de ganancia de los capitalistas, tendencia a la baja que se explica por la propia competencia. Ello generará la concentración de riquezas, la fusión del capital productivo con el capital financiero y la emergencia del imperialismo. En el marco del imperialismo, los respectivos gobiernos nacionales se dividen el mundo en zonas de influencia, lo cual trae como resultado el crecimiento de la tensión y la guerra (Luxemburgo, 1967 [1912]; Lenin, 1977 [1917]).

Por su parte, la teoría estructuralista centro-periferia despunta en el estudio de las relaciones internacionales a partir de los trabajos de Raúl Prebisch a mediados del siglo pasado. Partiendo de una fuerte crítica al pensamiento clásico y neoclásico, el sistema económico mundial tiene una configuración binaria, un centro y una periferia. En el centro se encuentran los países industrializados que concentran buena parte de las riquezas; en la periferia se encuentran los países subdesarrollados exportadores de productos primarios y con escasa concentración de riqueza. Esta estructura tiende a reproducir la condición de subdesarrollados por dos razones esenciales:

1. la velocidad en que se propaga el progreso tecnológico en la economía mundial;

2. el deterioro de los términos de intercambio.

Desde esta perspectiva, la ruta superadora del subdesarrollo es la industrialización sustitutiva de importaciones (Prebisch 1986 [1949]: 479-502).

También en el marco de esta tradición de investigación se encuentran las teorías de la dependencia y del sistema mundial. Para los teóricos de la dependencia, la integración de las economías nacionales al mercado internacional, se origina a través de la interrelación y convergencia de intereses de los grupos sociales dominantes de cada país con los grupos sociales dominantes en el exterior. Los teóricos de la dependencia postularon que la transferencia de excedente económico de los países sub-desarrollados hacia los países centrales es lo que explica la estructura polarizada del sistema económico mundial. La ruta para la superación del subdesarrollo de los países periféricos se dará a través de una ruptura con el sistema económico capitalista (Frank, 1970).

Por su parte, la teoría del moderno sistema mundial plantea que a través de los vínculos económicos es posible identificar un sistema mundial que es mayor a cualquier unidad política jurídicamente definida (Wallerstein, 2010 [1974]). En su seno, el sistema mundial incluye división del trabajo, culturas, sistemas interestatales y múltiples poderes políticos. La estructura del sistema mundial asume una configuración tripartita. Un centro, donde se encuentran los mayores niveles de riqueza; una semi-periferia, que presenta niveles de desarrollo intermedios entre el nivel central y periférico; una periferia, una vasta zona done se encuentran los niveles más altos de pobreza y subdesarrollo. Sobre la estabilidad, una de las proposiciones centrales enuncia que la combinación de hegemonías y fases expansivas del sistema económico es más favorable a la estabilidad que las fases caracterizadas por transiciones de hegemonía y fases contractivas. En ese sentido, las fases de transición se caracterizan por fuertes crisis económicas del Estado hegemónico en paralelo a un incremento del gasto militar. Dicha combinación puede derivar en la irrupción una fase de transición de la cual pueda emerger un nuevo orden sistémico (Wallerstein, 1995; Babone y Chase-Dunn, 2012).

Las teorías neo-estructuralistas también pueden considerarse como parte de esta tradición de investigación. Tomando como problema de investigación central elfenómeno de la globalización, al igual que la teoría del moderno sistema mundial, desde el neo-estructuralismo se postula que la globalización no es un fenómeno reciente sino que ha tenido sus orígenes en el orden económico mundial emergente cinco siglos atrás. Desde esta perspectiva, la globalización es entendida como el proceso por el cual se profundizan los lazos comerciales e inversiones por el mundo, sumado a una ideología neoliberal que la sustenta (Bernal Meza, 2005: 164-180). Entre los efectos de la globalización se encuentra la emergencia de regionalismos de nuevo tipo, diferentes a los regionalismos o procesos de integración desarrollados en el período de la bipolaridad capitalismo-socialismo, que eran conducidos básicamente por los Estados nacionales. Los regionalismos de nuevo tipo se desarrollan en un contexto internacional multipolar, son orientados por actores de la sociedad civil, implican importante transformaciones en los modelos productivos y, por sobre todas las cosas, generan un mayor debilitamiento de las potencialidades estatales (Bizzozero, 2011; Bernal Mesa y Masera, 2008).

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