Por Sergio Arias

Las problemáticas del siglo XXI, representan un gran desafío para la humanidad, siendo interesante delinear las perspectivas y enfoques con los cuales se abordarán, considerando el avance científico y la inteligencia artificial como importantes factores capaces de efectuar una contribución.

La ciencia se encuentra en un acelerado proceso de avances, redefiniciones y cambios paradigmáticos significativos, pudiendo ciertamente contribuir con muchas de las soluciones a las actuales problemáticas de este periodo.

Habitualmente, se citan como asuntos relevantes aún sin solución, el cambio climático, la desertificación, la escasez de agua dulce, el derretimiento de los polos, el efecto invernadero, las dificultades de alimentación de una creciente población, particularmente en países subdesarrollados, entre otros aspectos que colocan en riesgo el futuro de nuestra especie en este planeta.

La humanidad, cuenta con un tiempo limitado para ocuparse de estos asuntos, ya que de acuerdo a las conclusiones  de la mayoría de los estudios científicos realizados, el daño experimentado por la Tierra es considerable y muy difícil de remediar; incluso si se realizare un cambio radical en las conductas humanas, que hasta acá han generado contaminación y desórdenes planetarios, el mundo tardaría mucho tiempo en reequilibrarse. No obstante, esta situación no parece importar significativamente, ya que si bien se han verificado diversas cumbres internacionales para abordar esta temática, no se implementan cambios esenciales, quedando éstas solo como muestras de preocupación mundial sin materialización de soluciones definitivas.

Resulta curioso constatar la indiferencia que produce este fenómeno en los líderes políticos y empresariales del mundo, representando también una particularidad la pereza con que se aborda esta temática en nuestro país.

Es momento de escuchar a los científicos del planeta, someter a debate sus propuestas e implementar las medidas que se requiere para dar inicio a un camino de soluciones frente a esta importante problemática.

Si bien las autoridades de los países desarrollados, declaran estar preocupadas, no se aprecia una toma de conciencia efectiva que se traduzca en medidas concretas en la búsqueda de soluciones. La clase política chilena, sigue este patrón ocupándose de materias muy diferentes según puede apreciarse. Por lo anterior, cabe la pregunta ¿A qué se debe tanta indiferencia?

Ensayar una respuesta a esta interrogante, no es el propósito de esta columna, sino solo observar el tránsito del buque denominado Tierra en virtud de un piloto automático que no contempla las variables de solución a las problemáticas anotadas.

A lo largo de la historia de la humanidad es posible encontrar épocas en que las decisiones no obedecieron a los elementos proporcionados por el conocimiento disponible en el periodo, ni por los dictámenes de la razón, pudiendo citarse diversos ejemplos, en que motivadas por la influencia de la religión, las autoridades no tomaron decisiones acertadas, negándose muchas veces a reconocer los avances del conocimiento científico.

La diferencia con periodos pretéritos, radica en que una decisión no acertada debido a no encontrarse conforme al conocimiento y a la razón, no hubiera provocado en el pasado los efectos desastrosos que  hoy en día se producirían, producto de una decisión equivocada, alejada de las variables o elementos de carácter científico involucrados en el problema a abordar.

Estas reflexiones, nos permiten hipotetizar que los seres humanos obedecemos al factor de la inercia, que parece imponerse sobre la razón, el análisis y la ciencia, constituyendo un verdadero bálsamo en las conciencias, entendiendo que hasta ahora es posible vivir en la Tierra sin los grandes trastornos que ocurrirán en caso de  no existir un cambio fundamental en las actitudes y conductas de los líderes del mundo y de las personas en general.

Otra hipótesis plausible de establecer, dice relación con el desinterés que representa esta materia para el sector privado, que  fundándose en razones económicas, no aprecia la importancia de generar una genuina preocupación. Hay algunos que sostienen, que son los grandes grupos económicos, quienes efectivamente gobiernan mediante el control de las autoridades en virtud del poder del dinero. Si esta hipótesis fuese efectiva, la reflexión que cabe realizar es altamente compleja, ya que considerando el conocimiento disponible actualmente, podríamos concluir que nos encontramos frente a estructuras psicológicas, pertenecientes a connotadas personalidades del planeta, incapaces de relacionarse debidamente con el entorno, llegando a sentirse ajenos a un posible devenir catastrófico para la humanidad. Da la impresión que les asistiría una sensación de invulnerabilidad, materia interesante de abordar desde los ángulos que brinda la psicología.

Nadie es capaz de predecir con exactitud el futuro de la Tierra, pero si pueden establecerse directrices y acciones, que basándose en el conocimiento científico, pudieran determinar cambios favorables en el futuro de la humanidad.

Se estima que será posible desalinizar el agua del mar a un costo considerablemente más bajo que el actual, se ha establecido como posibilidad generar alimentación mediante el uso de tecnologías 3D, se ha planteado la viabilidad de modificar las energías utilizadas en los medios de transportes, pasando la energía eléctrica a jugar un rol fundamental, se estima que la capacidad de almacenar y procesar datos que alcanzará  la inteligencia artificial, será  de una magnitud tan relevante que nos permitiría vislumbrar elementos y ángulos de la realidad no conocidos hasta ahora.

Entre otros avances y soluciones, éstos pudiesen ser viables en un futuro, dependiendo del enfoque acertado de las políticas públicas, particularmente en países desarrollados, permitiéndose la financiación de toda clase de investigaciones y alternativas tecnológicas de esta naturaleza.

Lo anterior, también representa una oportunidad para países como el nuestro. No obstante, se trataría a mi juicio de una circunstancia solo de carácter teórica, ya que Chile cuenta con una clase política inmadura, incapaz de delinear  los ejes de desarrollo para  nuestro país, desinteresada en el aporte del conocimiento científico, que podría constituir  un elemento central en la definición de nuevas políticas públicas que permitieren encaminar pasos adecuados de nuestro país hacia el futuro.

Es pertinente recordar que Chile cuenta con una posición geográfica estratégica, con reservas de agua dulce, riquezas marítimas y minerales interesantes de aprovechar desde un punto de vista económico. Sin embargo, el debate nacional, se encuentra muy lejos de estas relevantes temáticas, dejándose llevar nuestra clase política por la inercia, la preocupación por tópicos del siglo XX y la ignorancia frente a los posibles aportes que desde la ciencia y la tecnología pueden producirse  en beneficio de los habitantes de nuestra patria.

En consecuencia, el gran problema de Chile consiste en que su clase política, ha sido incapaz de generar ejes estratégicos de desarrollo, debiendo incorporarse sin duda alguna a éstos, los desafíos de un futuro   viable. Desde esta columna hemos recordado esta temática en momentos en que el debate político, se encuentra muy lejos de estas preocupaciones.

Nos parece imperativo señalar que sin el planteamiento y la formulación de estrategias de desarrollo, nuestro país estará condenado a ser una nación de tercer orden mundial, sin un sello diferenciador, impidiéndose aprovechar el talento natural de los chilenos, que debidamente formados, bajo procesos educativos que permitan fundamentalmente enseñar a pensar, estimular  en los estudiantes la comprensión lectora y desarrollar enfoques  con sentido crítico, podrían aportar como un verdadero motor de creatividad e innovación. Sin embargo, El Estado hasta ahora no ha garantizado el acceso a una educación con las características anotadas, quedándose la clase política, particularmente la izquierda, con el eslogan facilista: “Educación gratuita y de calidad”

Es de esperar que tras este febril proceso constituyente, puedan tenerse en consideración enfoques integrales de desarrollo, generándose por primera vez estrategias en tal sentido. No obstante, siguiendo la tradición histórica de nuestro país, a mi juicio, todo esto pertenecerá al mundo de la esperanza y los sueños no realizables. Espero sinceramente estar en un error de apreciación.

Los antecedentes observables, disponibles para realizar un análisis serio de realidad, nos permiten concluir que al igual que en otras épocas históricas, Chile en esta oportunidad nuevamente equivoca el rumbo, sin   apreciarse en el corto y mediano plazo, elementos que permitan vislumbrar alternativas de un mejor futuro, planificándose de acuerdo a estrategias acertadas las bases de desarrollo para nuestro país.

Por Sergio Arias, Egresado de Derecho UC, Experto en Discapacidad y en temáticas de Inclusión laboral de personas con discapacidad, empresario y ex Vicepresidente de la Unión de Ciegos de Chile UNCICH y Ex Director de ChileCAP

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